Eché una cucharada de bicarbonato al agua de las patatas solo por probar: al sacarlas del horno entendí qué le había pasado a la capa de fuera
Un simple gesto en la cocina cambió completamente el resultado de mis patatas al horno. Al añadir bicarbonato al agua de cocción, la superficie de las patatas adquirió una textura rugosa y grumosa que, lejos de ser un error, es exactamente lo que genera ese crujiente espectacular en el horno. La pectina se rompe, el almidón se libera, y el resultado final parece sacado de un restaurante con estrella.