Limpié las juntas de la ducha con vinagre blanco cada semana solo para verlas más blancas: al tercer año entendí lo que el ácido le había hecho al cemento
Un ritual semanal de limpieza con vinagre blanco que parecía perfecto durante tres años escondía una trampa silenciosa: el ácido estaba erosionando lentamente el cemento de las juntas. Lo que prometía blancura absoluta terminó en desmoronamiento y humedad atrapada.