Todos nos empeñamos en guisar con vinagre en cazuelas de barro, cuando es esta comprobación de un segundo en la base la que decide si el vidriado suelta algo en la comida
Todos crecimos pensando que «curar» la cazuela con vinagre la hacía segura. Pero el verdadero secreto no es el remojo prolongado, sino un gesto que dura un segundo: pasar el dedo por la base y notar si el vidriado ha perdido brillo o se ha vuelto áspero. Ese cambio mínimo delata un vidriado inestable, potencialmente tóxico.