Contaba calorías con la precisión de un contable fiscal. Anotaba cada gramo de pollo, cada cucharada de aceite, cada fruta de media tarde. Perdía peso, sí, pero seis meses después de terminar la dieta los kilos volvían a aparecer, uno a uno, como si mi cuerpo tuviera memoria propia. Durante años pensé que era cuestión de fuerza de voluntad. Ahora la ciencia apunta a otro sospechoso: una bacteria que vive pegada a la pared de nuestro intestino.
El nombre no suena precisamente sexy: Akkermansia muciniphila. Pero un ensayo clínico publicado en Nature Medicine, realizado en los Países Bajos, ha puesto patas arriba la idea de que el efecto rebote depende únicamente de la disciplina personal.
Lo esencial
- Un ensayo clínico reciente desafía la creencia de que el efecto rebote depende solo de tu fuerza de voluntad
- Una bacteria intestinal invisible podría ser el factor decisivo en cómo tu cuerpo recupera peso tras la dieta
- Los investigadores descubrieron que tu microbioma ya lleva escrito desde el primer día cuál será tu futuro con el peso
El experimento que lo cambia todo
El ensayo incluyó a 90 adultos con sobrepeso u obesidad, quienes siguieron una dieta restringida durante 8 semanas con el objetivo de perder el 8% de su peso corporal. Solo continuaron en la segunda fase quienes lograron ese objetivo. A partir de ahí, la mitad recibió un suplemento diario con la bacteria pasteurizada y la otra mitad, un placebo, durante 24 semanas. Nadie les impuso restricciones extra: también recibieron la indicación de seguir una alimentación saludable alineada con las guías dietarias de los Países Bajos, aunque podían comer la cantidad que quisieran.
Los resultados, francamente, sorprenden por su claridad. De media, quienes tomaron el suplemento recuperaron alrededor de 1,2 kilos, frente a los 3,2 kilos del grupo placebo. Una diferencia de casi el triple. No es magia ni promesa milagrosa: esto sugiere que la suplementación ralentizó, pero no evitó por completo, la recuperación de peso tras la pérdida inicial. El rebote existió en ambos grupos. Lo que cambió fue su intensidad.
Una bacteria que vive en el moco de tu intestino
Aquí viene la parte contraintuitiva: el protagonismo no lo tiene un microbio vivo y activo, sino una versión inactivada por calor. El estudio no utilizó bacterias vivas, sino una versión pasteurizada, es decir, sometida a calor y ya no viable. Y aun así funcionó, lo que apunta a que parte de los efectos beneficiosos de algunos probióticos puede provenir de componentes de la célula bacteriana y no necesariamente de microorganismos vivos; la pasteurización podría incluso potenciar los efectos del microbio.
¿Y qué hace exactamente esta bacteria en circunstancias normales? Es una especie abundante en el microbioma intestinal humano que vive en la capa de moco que recubre el intestino, se alimenta de mucina y se cree que juega un papel en el mantenimiento de la barrera protectora intestinal, además de poder influir en el metabolismo. No es una recién llegada al mundo científico: ha atraído la atención en la investigación del microbioma en los últimos años por su asociación con mejores resultados de salud en múltiples enfermedades.
De hecho, los niveles naturales de esta bacteria ya se relacionaban con algo más que el peso. Los estudios en humanos han mostrado que niveles más altos de Akkermansia muciniphila se asocian con una mejor salud metabólica, incluyendo un mejor control de la glucosa en sangre, lo que reduce el riesgo de desarrollar problemas como la diabetes tipo 2. En el grupo suplementado del ensayo, además, se observaron mejoras en algunos marcadores cardiometabólicos, incluida una mejor sensibilidad a la insulina.
No es la única bacteria en juego
Aquí es donde el relato se vuelve todavía más interesante, y algo más humilde. Otro equipo de investigadores, siguiendo a adultos chinos en un programa de adelgazamiento de seis meses, encontró que más que la dieta, el nivel de actividad física o incluso los genes, era la microbiota intestinal inicial la que mejor predecía la curva de peso durante el estudio. En ese caso, la abundancia de dos bacterias, Blautia wexlerae y Bacteroides dorei, resultó ser un predictor especialmente bueno de la futura pérdida de peso. El mismo estudio observó que Ruminococcus gnavus estaba significativamente enriquecida en personas obesas y disminuía durante la pérdida de peso, mientras que Akkermansia muciniphila y Alistipes obesi estaban significativamente presentes en personas delgadas y su abundancia aumentaba durante la dieta.
Dicho de otra forma: tu intestino lleva, desde el primer día de dieta, una especie de pronóstico escrito sobre lo que va a pasar con tu peso. Nada que ver con la fuerza de voluntad de la que tanto me culpaba yo misma cada vez que la báscula subía.
Por qué conviene no lanzar las campanas al vuelo
Antes de correr a buscar suplementos milagrosos, un poco de prudencia. El microbioma es enormemente complejo, está influido por la dieta, el ejercicio, el sueño, los medicamentos y muchos otros factores, por lo que las terapias basadas en el microbioma difícilmente serán soluciones sencillas y universales. Además, aunque los hallazgos son prometedores, el estudio fue relativamente pequeño y solo cubrió seis meses tras la fase de adelgazamiento. Nadie sabe todavía si el efecto protector se mantiene a largo plazo.
Lo que sí parece sólido, y esto lo confirma un metaanálisis de casi dos mil personas, es que la pérdida de peso se asocia con un aumento estadísticamente significativo de la diversidad bacteriana y con una reducción significativa de la permeabilidad intestinal. Es decir: adelgazar de forma sostenida cambia el intestino, y un intestino cambiado puede, a su vez, facilitar que el peso se mantenga. Un círculo que empieza a explicarse, por fin, con datos y no solo con culpa.
Así que la próxima vez que el peso vuelva a subir tras meses de esfuerzo impecable, quizá la pregunta correcta no sea «¿qué hice mal?», sino «¿qué está pasando ahí dentro, en ese ecosistema microscópico que llevamos con nosotras a todas partes?». La ciencia todavía está escribiendo la respuesta.
Sources : infobae.com | infobae.com