El ruido empezó como un zumbido de fondo, casi imperceptible, hasta que se convirtió en la banda sonora de todas mis noches de agosto. Un avispero se había instalado bajo las tejas del tejado, justo encima del dormitorio, y cada tarde el volumen subía como si alguien hubiera decidido celebrar una fiesta particular en pleno alero. La solución, pensé, era sencilla: comprar un insecticida en aerosol y vaciar el bote entero por la primera rendija que encontrara. Dos días después entendí que la geografía de un avispero bajo teja tiene poco que ver con lo que uno imagina desde el suelo, con una manguera de spray en la mano y ganas de dormir de una vez.
Lo esencial
- Un spray de insecticida genérico solo mata las avispas visibles en la entrada, nunca llega a la reina protegida en el interior
- El avispero bajo teja es como una fortaleza de capas: lo que ves es apenas la punta de un icebergs que se extiende decenas de centímetros hacia adentro
- Enfiurecer a una colonia con la reina intacta puede ser más peligroso que dejarla en paz: el verdadero riesgo viene después del fracaso
La ilusión de la solución rápida
Rocié durante lo que me pareció una eternidad, aunque en realidad fueron unos segundos, y salí corriendo como recomienda cualquier manual de sentido común. Rocía el insecticida en la entrada del nido durante 10 segundos y acto seguido, huye del lugar. Esa noche el silencio fue casi absoluto. Victoria, pensé. Un triunfo doméstico conseguido con veinte euros de spray y cero paciencia.
El problema llegó al día siguiente, cuando el zumbido regresó con la misma intensidad de antes, como si el insecticida se hubiera evaporado sin dejar rastro bajo la teja. Ahí empecé a sospechar que algo no encajaba en mi teoría de la solución exprés.
Lo que sigue intacto bajo la teja
La explicación, una vez la busqué con calma, resultó bastante lógica: el spray solo alcanza lo que ve, y lo que ve es apenas la entrada del nido. Cuando las avispas se meten en un hueco de la fachada, en el cajón de una persiana o bajo las tejas, la cosa se complica, porque no ves bien dónde están. El avispero real, el corazón de la colonia, puede estar varios centímetros o incluso decenas de centímetros hacia el interior de esa cavidad, protegido por la propia estructura del tejado.
Y ahí está la clave que se me había escapado por completo: al inicio trabaja la reina, que utiliza materia prima vegetal masticada, y el producto tiene el tamaño de una pelota de golf, pero luego intervienen las obreras hasta que alcanza las dimensiones de un balón de fútbol o más grande. Esa masa de celdillas, cada vez más compleja, funciona como una fortaleza de capas. El insecticida mata a las obreras que están en la superficie, las que salen a defender la entrada, pero rara vez penetra hasta el núcleo donde sigue la reina poniendo huevos como si nada hubiera pasado.
Hay otro detalle que explica por qué mi ataque nocturno resultó tan ineficaz: no todos los insecticidas sirven para esto. No todos los insecticidas son aptos para las avispas, así que hay que asegurarse de comprar uno específico para estos insectos. Yo había usado el spray genérico de insectos voladores que tenía en el armario de debajo del fregadero, pensando que un mosquito y una avispa reina son primos lo bastante cercanos como para morir del mismo modo. No lo son.
Además, existe un riesgo que casi nadie menciona hasta que lo sufre en carne propia: usar estos productos de forma inconsciente contra las avispas conlleva un riesgo doble, pues además de poder sufrir una intoxicación, se expone a irritar a las avispas. Una colonia enfurecida y con la reina intacta no es menos peligrosa que antes de la fumigación. Es, probablemente, más agresiva.
Por qué el agua, el fuego y la improvisación tampoco funcionan
Antes de mi experimento con el spray había barajado otras opciones, todas ellas descartadas a tiempo por pura suerte. El fuego, por ejemplo, parece una solución de manual de supervivencia, pero no se debe prender fuego al nido, ni golpearlo, ni echarle agua, porque con estas acciones no solo no se conseguirá el objetivo, sino que las avispas se pondrán nerviosas y atacarán. Bajo un tejado de teja árabe, con vigas de madera cerca, el riesgo de incendio convierte esa idea en una temeridad de manual.
El agua, tan tentadora por lo inofensiva que parece, tampoco resuelve nada: el uso del agua está totalmente desaconsejado, pues no se conseguirá terminar con la plaga. Y cuando el nido está en un hueco cerrado, como el que forman las tejas al superponerse, la dificultad se multiplica porque puede darse el caso de tener un avispero en un espacio complicado de eliminación, ya que habría que desmontar la estructura, lo que aumenta el peligro de picadura.
Lo que sí funciona (y cuándo rendirse con elegancia)
La técnica que suele dar resultado combina paciencia con horario. Los profesionales insisten en actuar cuando la colonia está recogida, no cuando el sol calienta y todas las obreras andan fuera trabajando. Para matar avispas de forma segura, lo más eficaz es un insecticida en aerosol de largo alcance aplicado de noche, cuando están recogidas y poco activas. Aun así, conviene ser realista sobre las limitaciones de hacerlo uno mismo: para acabar con una colonia ya formada, los aerosoles se quedan cortos casi siempre, porque se puede matar a unas cuantas avispas, pero la reina y el grueso de la colonia siguen ahí.
Cuando el nido está bajo tejas, en cornisas o dentro de cajones de persiana, la recomendación profesional cambia de raíz. En lugar de perseguir a la reina con un chorro de spray que jamás llegará hasta ella, se puede optar por sellar el acceso una vez confirmada la muerte de las obreras visibles, cortando así cualquier posibilidad de que la colonia se reconstruya por el mismo hueco. Cuando las avispas se han instalado dentro de un hueco de la cornisa o en una fisura de la pared, se puede sellar el acceso con escayola y piedras para atraparlas dentro y cortar el problema de raíz, aunque conviene que lo haga alguien con experiencia y protección adecuada.
Mi bote de insecticida a medio gastar sigue en el armario, como recordatorio de una noche de agosto en la que confundí silencio con victoria. La pregunta que me quedó rondando, más que cómo acabar con la colonia, fue otra: ¿cuántas veces damos por resuelto un problema solo porque, durante unas horas, ha dejado de hacer ruido?
Sources : generali.es | higiaiberica.com