Puse mi morcilla a fuego fuerte solo para que la piel quedara crujiente: cuando la giré en la sartén, ya era demasiado tarde
Una morcilla que acaba en puré negro y arroz desperdigado por toda la cocina. Así terminó mi intento de conseguir la costra crujiente perfecta. Pero lo que aprendí ese día cambió para siempre mi forma de cocinar este embutido español.