Descubrí un segundo nido a diez metros de altura en mi cerezo en agosto: el día que acerqué la escalera, entendí por qué nadie debería tocarlo
Un segundo nido en la copa más alta del cerezo llevó al descubrimiento de una verdad incómoda: en España, tocar un nido de aves silvestres no solo es un acto de curiosidad, sino una infracción legal grave. La Directiva Europea protege todas las aves nativas, sus huevos y nidos, sin excepciones.