Todos nos empeñamos en airear y salir a media tarde durante la ola de calor: ese gesto de cada verano nos expone justo al pico de un gas que irrita los pulmones
Durante las olas de calor, el ritual de abrir ventanas y salir a ‘tomar el fresco’ al atardecer coincide exactamente con el momento en que el ozono troposférico alcanza su máxima concentración. Este contaminante invisible se ‘cocina’ bajo el sol a partir de emisiones del tráfico, irritando los pulmones precisamente cuando creemos que respiramos aire más puro.