Hay algo casi desconcertante en ver a una mujer de 93 años recordar, con pelos y señales, el nombre de una compañera de colegio de 1946. No es un caso aislado, ni una anécdota de sobremesa. Durante más de dos décadas, un grupo de científicos ha estado siguiendo a personas así, cerebros que deberían haber cedido terreno al olvido y que, sin embargo, se resisten. Ahora, por fin, empiezan a entender por qué.
Se llaman SuperAgers. El término no es un capricho periodístico: se reserva para individuos de 80 años o más con un rendimiento de memoria episódica que iguala o supera al de personas dos o tres décadas más jóvenes. Durante años, la explicación fácil era genética: tuvieron suerte, heredaron un ADN que los blindó. Un estudio publicado hace apenas unos días desmonta esa teoría cómoda.
Lo esencial
- La genética no explica por qué algunos mantienen memoria perfecta pasados los 90
- Los SuperAgers generan 2.5 veces más neuronas nuevas que personas con alzhéimer
- Tu cerebro podría estar construyéndose aún, incluso si el ‘deterioro normal’ parecía inevitable
La genética no explica el milagro (y eso cambia todo)
La investigación evaluó a 142 SuperAgers, adultos en sus 80 y 90 años con un rendimiento de memoria equiparable al de personas décadas más jóvenes, junto a 89 personas de cognición media en cinco centros de Estados Unidos y Canadá. Analizaron el gen APOE, el sospechoso habitual en el riesgo de alzhéimer, y puntuaciones de riesgo poligénico completas. El resultado fue, cuanto menos, incómodo para quienes buscaban un atajo diagnóstico: los SuperAgers no pueden diferenciarse de sus pares con cognición media a partir del riesgo genético de la enfermedad, lo que apunta hacia mecanismos activos de resiliencia protectora.
Dicho de forma menos técnica: no basta con haber ganado la lotería genética. las puntuaciones actuales de riesgo genético de alzhéimer no pueden predecir quién se convertirá en SuperAger, porque fueron diseñadas para estimar riesgo de enfermedad, no un envejecimiento cognitivo excepcional; la genética es solo parte de la historia, y probablemente no la parte más importante. Frustrante para quienes esperaban una prueba de sangre reveladora. Fascinante para quienes buscan intervenciones reales.
Neuronas nuevas, incluso pasados los 90
Aquí llega la parte que más ha sacudido a la neurociencia este año. Durante décadas se asumió que el cerebro adulto dejaba de generar neuronas nuevas, que a partir de cierta edad solo quedaba administrar lo que ya se tenía. Un estudio publicado en Nature en febrero de 2026, con análisis de tejido hipocampal post mortem, ha puesto esa certeza patas arriba.
Los cerebros de los superagers generan más del doble de neuronas nuevas que las personas mayores típicas y 2,5 veces más que quienes padecen alzhéimer. No es un matiz menor. Los hallazgos podrían explicar la conservación cognitiva de los superagers y responder a una de las preguntas más disputadas de la neurociencia: si el cerebro adulto puede producir nuevas neuronas, entendiendo esa neurogénesis como una firma de resiliencia del envejecimiento cognitivo excepcional.
Lo llamativo es la magnitud del contraste: los investigadores descubrieron que los superagers producían activamente muchas más células cerebrales nuevas que sus pares con una memoria más típica para su edad, mientras que el crecimiento de nuevas células cerebrales estaba muy disminuido en quienes se encontraban en las primeras fases de demencia. El cerebro, al parecer, no se limita a resistir el paso del tiempo. En algunos casos, sigue construyéndose.
Neuronas más grandes, tangles de tau más escasos
El equipo del programa SuperAging de la Universidad de Northwestern, pionero en este campo desde hace un cuarto de siglo, ha aportado otra pieza del rompecabezas. Los análisis de tejido cerebral encontraron que la corteza cingulada, un área responsable de la atención, la motivación y el compromiso cognitivo, es más gruesa en los SuperAgers en comparación con personas de 50 y 60 años, y su hipocampo tiene tres veces menos ovillos de tau, una de las señas de identidad del alzhéimer. Y hay más: otro estudio encontró neuronas hermosas, enormes y muy sanas en la corteza entorrinal de los SuperAgers, precisamente una de las primeras zonas que el alzhéimer suele atacar.
Lo más sorprendente, quizá, es que la protección no siempre significa ausencia total de daño. Los cerebros de algunos superagers tenían una densidad muy baja de ovillos de tau, pero otros presentaban una intensidad moderada de esos ovillos, lo que sugiere que hay al menos dos caminos para mantener la capacidad de memoria: no desarrollar esos ovillos en absoluto, o desarrollarlos y aun así resistir sus efectos cognitivos. Contraintuitivo, sí. Pero también esperanzador: no hace falta un cerebro perfecto, sino uno que sepa encajar los golpes.
Lo que todavía no sabemos (y por qué importa)
Conviene ser honestos: esto no es una fórmula mágica ni un tratamiento a la vuelta de la esquina. Los propios investigadores insisten en que el trabajo futuro combinará pruebas cognitivas con imágenes cerebrales, biomarcadores en sangre, genética, perfiles inmunológicos, seguimiento del sueño y factores sociales para entender mejor qué protege la memoria en la vejez. Es decir, el estilo de vida, el compromiso social, la actividad mental, siguen sobre la mesa como sospechosos habituales, aunque todavía no se haya aislado su peso exacto frente a la biología pura.
Lo que sí queda claro, y esto es lo que de verdad cambia el relato, es que memoria decline is not inevitable, and some people can maintain remarkably youthful memory well into their 80s and beyond o, traducido al espíritu de la investigación: el deterioro cognitivo no es un destino escrito de antemano. Puede que la ciencia todavía no tenga la receta exacta para replicar lo que ocurre en estos cerebros excepcionales. Pero el hecho de que existan, de que sigan generando neuronas a los 90, ya obliga a replantearse una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que llamamos «envejecimiento normal» es en realidad evitable?
Sources : infobae.com | infobae.com