El olor llega antes que la vista. Ese aroma cálido de fresa cocida con azúcar, ese perfume de verano atrapado en un tarro de cristal, es exactamente lo que mis invitados percibieron nada más entrar a la cocina. Lo que no podían imaginar es que la mermelada que estaban a punto de untar en sus tostadas llevaba menos tiempo prepararse que calentar el horno.
La mermelada casera tiene fama de proceso laborioso, de tarde del domingo libre, de olla grande y remoción constante durante horas. Una idea recibida que merece ser desmontada de raíz, porque usando el microondas se consigue acortar los tiempos, limpiar menos y tener que estar pendiente durante menos tiempo para obtener esta maravilla. El resultado, con la textura y el sabor de siempre. La diferencia, el electrodoméstico que todos tenemos pero infrautilizamos.
Lo esencial
- ¿Y si los ‘trucos’ culinarios que todos conocemos estuvieran completamente al revés?
- El papel secreto de un ingrediente que no es opcional (y por qué la mayoría lo olvida)
- Lo que parece líquido al terminar esconde un detalle que salva toda la receta
La receta que cambia las reglas del desayuno
Para esta receta solo se necesitan fresas, limón y azúcar, los elementos tradicionales de una mermelada, más un recipiente apto para microondas. Nada más. El proceso es tan sencillo que intimida por lo contrario a lo esperado: por su simplicidad.
Lo primero es lavar y secar muy bien las fresas. Después, se les quita el rabito y se cortan en dos o tres trozos (las fresitas pequeñas pueden dejarse enteras). Se colocan en un bol apto para microondas que sea amplio y con las paredes altas: durante la cocción la mermelada borbotea y si se usa un recipiente pequeño se puede salir. Este detalle del recipiente alto es el único que marca la diferencia entre una mermelada perfecta y un microondas pringado de azúcar caramelizada.
Se vierte el azúcar y el zumo de limón y se mueve bien todo. Si hay tiempo, lo ideal es dejar reposar la mezcla un rato (con 15 minutos o media hora es suficiente), pero si no se tiene tiempo, no pasa nada. En eso consiste la versión más rápida: fruta, azúcar, limón, microondas.
La cantidad de azúcar depende de lo dulce que se quiera la mermelada. Se puede añadir hasta la mitad del peso de las fresas en azúcar. Para las que prefieren sabores más naturales y menos empalagosos, reducir esa proporción a un tercio del peso de la fruta da un resultado mucho más vivo, más fresa y menos confitería.
El papel secreto del limón (y por qué no es opcional)
Hay quien prescinde del limón pensando que es un simple toque de sabor. Error. El zumo de limón le da brillo a la fresa: sale un color mucho más intenso y rojo. Precioso. Además, el ácido del zumo activa una sustancia en la fruta que hace que la mermelada espese. Esa sustancia es la pectina, una fibra natural presente en la fruta, y el ácido cítrico actúa como su activador. La pectina es una fibra natural presente en las frutas que ayuda a espesar la mermelada. Sin limón, la textura final queda más líquida y el color pierde la intensidad que hace tan atractiva una mermelada de fresa casera.
Un truco adicional que pocas recetas mencionan: no usar fresas demasiado maduras para hacer la mermelada, pues contienen menos pectina. Las fresas en su punto óptimo, firmes y perfumadas, son las que dan mejor estructura al producto final.
Los ciclos de cocción: el único paso que requiere atención
Aquí viene la parte que desmonta el mito de la «mermelada en cinco minutos exactos». La cocción real se divide en dos tandas. Se mete en el microondas sin tapar y se cocina a máxima potencia durante unos minutos. Pasado ese tiempo, se saca con cuidado de no quemarse y se mueve un poco todo. En este punto, en función de la textura que se prefiera, se puede pasar la batidora para triturar la fruta. Después, vuelta al microondas para la segunda y última cocción.
No hay que preocuparse si la mermelada parece aún un poco líquida al terminar, es normal. Cuando enfría, espesa y coge cuerpo. Este dato salva muchas mermeladas de microondas que acaban sobrecocinadas porque la cocinera, impaciente, sigue añadiendo minutos buscando una consistencia que solo aparece una vez el frasco ha enfriado por completo. Paciencia en ese último paso. Solo en ese.
El tiempo de cocción puede variar ligeramente en función de la potencia del microondas y del recipiente que se utilice. Un microondas de 750 W necesitará ciclos algo más largos que uno de 900 W. La lógica es simple: hay que observar, no cronometrar ciegamente.
Conservación y versiones para todos los gustos
Este método es ideal para pequeñas cantidades y un consumo rápido, ya que no sigue los procesos de esterilización tradicionales para conservas a largo plazo. Para el día a día, un tarro bien cerrado en la nevera es más que suficiente. Esta mermelada, al no tener conservantes, puede conservarse en la nevera una semana sin problemas.
Si la intención es guardarla durante más tiempo, el método tradicional de vacío funciona a la perfección también aquí: se mete recién hecha, muy caliente, en un bote de cristal bien limpio. Si al verter la mermelada se ha manchado la boca del tarro, se limpia con papel de cocina y se cierra. Se da la vuelta al tarro y se deja boca abajo hasta que la mermelada se enfríe por completo. De esa manera se hace el vacío y la mermelada aguantará varios meses sin problema.
Para las que buscan una versión más ligera, se puede sustituir el azúcar por edulcorante. Vale cualquiera, aunque la sacarina líquida da buenos resultados. Y si las fresas no están en temporada, hacerlo con fresas congeladas es una opción perfecta para poder hacer mermeladas rápidas durante todo el año.
La mermelada de fresa al microondas se convierte en crema para untar, en relleno de bizcocho, en acompañamiento de un queso fresco, en topping de yogur natural. También puede utilizarse como relleno para pasteles y tartas, o como acompañamiento para quesos suaves como el brie o el queso crema. Y lo mejor de todo: con esta misma receta pueden elaborarse mermeladas de otros sabores. Solo hay que tener en cuenta si la fruta es más o menos dulce para añadir una cantidad u otra de azúcar.
La abuela tardaba dos días en hacer los tarros del año. Nosotras tardamos veinte minutos en hacer el del fin de semana. Ninguna de las dos se equivoca, simplemente viven en tiempos distintos. La pregunta que queda en el aire, sin embargo, es otra: ¿cuántas otras recetas que consideramos «laboriosas» podrían resolverse con el mismo giro de perspectiva?
Sources : gastrolabweb.com | divinacocina.es